¿Sabemos buscar solución a los problemas?

Pretender vivir una vida sin problemas y dificultades es algo irreal, ya que todo el mundo en algún momento de la vida nos toca enfrentarnos a ellos, son algo normal en la vida cotidiana.

Pero… ¿Qué es un problema?  Definimos en problema como una situación real o imaginaria a la que tenemos que buscar una solución pero que no sabemos cómo dársela. El resultado de esta situación se traduce en un aumento del nivel de estrés y de malestar.

En muchas ocasiones, cuando surge un problema recurrimos a conductas perjudiciales para la persona, autodestructivas como lesiones, uso y abuso de sustancias o comer en exceso, creyendo que esto nos va a ayudar a encontrar una solución.

¿Qué podemos hacer cuando tenemos un problema que creemos que no vamos a poder resolver? ¿Qué podemos hacer cuando no encontramos solución?

En este post os propongo una estrategia para buscar la mejor solución de entre las posibles, aunque a veces la solución elegida no es la que más nos gustaría, pero no hay otra. Lo importante es este proceso y aplicarlo

Este entrenamiento consta de 5 FASES

  • RECONOCER QUE EL PROBLEMA EXISTE
  • DEFINIR Y FORMULAR EL PROBLEMA
  • GENERAR SOLUCIONES ALTERNATIVAS AL MISMO
  • SELECCIONAR LA MEJOR SOLUCIÓN
  • PONERLA EN PRÁCTICA Y VERIFICAR LA SOLUCIÓN

1. RECONOCER QUE EL PROBLEMA EXISTE

¿Tengo un problema? Puedes poner pistas de tu cuerpo, tus pensamientos, tu comportamiento, las reacciones que tienes con la gente o las reacciones que la gente tiene contigo. ¿Qué efecto tiene sobre ti?

2. IDENTIFICA TUS PROBLEMAS

¿En qué consiste realmente el problema? Describe el problema todo lo exactamente que puedas. Piensa en la situación problema ¿Quién está envuelto? ¿Cuándo ocurre? ¿Exactamente qué ocurre?

En ocasiones tenemos la sensación de tener multitud de problemas y la gravedad de los problemas depende de la persona que los esté padeciendo y el momento en que le esté sucediendo ya que no a todos nos afectan las mismas cosas de la misma manera. Por ello, lo primero que debemos hacer antes de ponerse a resolver uno de ellos, es saber qué problemas tenemos y la gravedad de los mismos (pueden ser graves, medios o poco graves)

¿A qué problema te gustaría darle solución primero?

3. GENERAR SOLUCIONES ALTERNATIVAS AL MISMO

¿Qué posibles alternativas tengo? Escribe todas las soluciones que te vengan a la mente, para ello puedes seguir algunos pasos:

¿Has solucionado problemas similares en el pasado? Si es así, ¿cómo lo hiciste? ¿Qué recursos o habilidades utilizaste?

¿Tienes alguna persona que te apoye en el esfuerzo de solucionar tu problema actual? Lo ideal sería que esas personas fueran un recurso disponible si lo necesitaras (un recurso de ayuda, no la solución en sí misma). En caso afirmativo, ¿quiénes son?

Escribe tantas soluciones como se te ocurran en este momento. No te preocupes por cómo de buenas serán esas soluciones, no te preocupes si alguna de ellas te parecen al principio una tontería, de lo que se trata es de que propongas tantas soluciones como se te ocurran, en principio todas las ideas son útiles. Después te pararás a ver cómo de buena o útil es cada una.

4. ESCOGE UNA DE TUS SOLUCIONES

¿Cuál es la mejor solución? Analiza una a una cada alternativa ¿Qué resultado se podría esperar de cada una de ellas? ¿Qué consecuencias positivas y negativas tienen cada una?

Ahora escoge la acción que te parezca mejor opción con el fin de que puedas comenzar en función de tus consecuencias personales, sociales, económicas, etc.  Debería ser una acción viable, que te impulse para solucionar tu problema. ¿Cuál de las acciones escoges?

5. PONERLA EN PRÁCTICA Y VERIFICAR LA SOLUCIÓN. CREA UN PLAN DE ACCIÓN

Piensa que no todos los problemas se pueden resolver con una sola acción y por otra parte, muchas acciones pueden llevarte a resolver sólo una parte del problema. (Si tienes un problema financiero por ejemplo entonces tu primera acción podría ser reunir todos tus papales con el propósito de poder leerlos. Sólo reunir los papales no solucionará el problema, pero te llevará a estar más cerca de una buena solución que cuando comenzaste).

Tu plan de acción, es decir, la solución escogida debería ser:

1.- Controlable: Es decir, vale más lograr un objetivo pequeño pero controlable (ej.: caminar diez minutos al día cuando me recupere) que un objetivo grande que no sabemos con seguridad si podremos controlar (ej.: correr un maratón cuando me recupere).

2.- Orientada hacia la acción y especifica: Especifica cómo lo harás (ej.: pasaré una hora con mis hijos por las tardes), y no cómo crees que lo harás o cómo te sentirás al hacerlo (ej.: compartiré momentos agradables con mis hijos).

3.- Limitada en el tiempo: Esto hace que la solución resulte asequible y se pueda poner en marcha fácilmente. Al ser limitada en el tiempo, los cambios esperables no serán cambios radicales. Por ejemplo, es más realista “dedicar 20 minutos a examinar los recibos del mes” que “mantener mis gastos financieros en orden durante el resto de mi vida”.

PIENSA CÓMO HA IDO EL PLAN Y CONTINÚA

Plantéatelo incluso aunque el problema no se haya resuelto en su totalidad:¿Qué pasó?, ¿qué fue bien?, ¿qué salió mal?

 

Si ha salido bien, ¡ESTUPENDO!, y en el caso de que no, revisa los pasos anteriores y repite de nuevo el proceso.

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