Aprender a decir NO

Formar parte de una sociedad que está en constante cambio no es nada fácil. Los conflictos sociales, personales y cognitivos surgen a diario. Son situaciones que se dan en el día a día producto de la interacción con otras personas y que no siempre es fácil dar una solución. La comunicación, articulada a través del lenguaje verbal y no verbal, no siempre es tan fructífera como quisiéramos, y es entonces cuando los conflictos interpersonales pueden aflorar.

Es en este punto dónde entran en juego las habilidades sociales, necesarias para fomentar unas relaciones personales de calidad, desde el respeto y con una relación de comunicación óptima en todas sus facetas. Cuando hablamos de comunicación no recurrimos únicamente al proceso mecánico de poner en juego los procesos verbales y no verbales, orales o escritos, corporales, tono de voz, etcétera, sino que incluimos la poderosa influencia de la dimensión afectiva-social y sobre todo de la ética del discurso.

Entonces es factible preguntarse qué son las habilidades sociales y si éstas se pueden aprender. Se definen las habilidades sociales como el conjunto de conductas que manifestamos al relacionarnos con los demás, se encuentran pues en todas las interacciones sociales, cada vez que nos relacionamos con otras personas.  Unas buenas habilidades sociales implican relacionarnos adecuadamente y de forma eficaz con otras personas. Esto se consigue cuando expresamos sentimientos, ideas, deseos o actitudes  siendo conscientes del derecho que ostenta  la  otra persona a dar a su vez su opinión y respetando dicho derecho.

Las habilidades sociales son tanto verbales; las que ponemos en macha cuando comunicamos algo de forma verbal, y no verbales; las que llevamos a cabo con nuestros gestos, nuestra postura, el tono de voz, la mirada…  Existen infinidad de ejemplos de habilidades sociales: escuchar, reconocer, preguntar, negociar, asertividad, aceptar y emitir cumplidos y quejas, pedir ayuda, pedir permiso y un largo etcétera.

De nuestras habilidades sociales dependerán la satisfacción en nuestras relaciones sociales, nuestra autoestima y el bienestar emocional.

La habilidad social más importante que debemos de tener como pilar fundamental es la asertividad, consiste en ser capaz de defender los derechos propios,  pero sin ser pasivo ni agresivo,  siendo respetuoso con el otro. En otras palabras la asertividad consiste en dar una opinión y a la vez respetar al otro. El objetivo es comunicar libremente sin herir o pasar por encima de la otra persona.

¿Qué ocurre entonces cuando queremos decir a alguien que no? ¿Por qué surgen tantas dificultades para decir a otra persona  no?

No, no te puedo ayudar. No, no voy a ir a recogerte. No,  hoy no quiero salir. No, no me voy a hacer cargo de esto. No, no quiero verlo más.

Estas son algunos ejemplos de los «noes» que nos cuesta pronunciar. A muchas personas les resulta difícil decir que no, los motivos  pueden variar de unas a otras, pero en líneas generales las personas a las que les gusta complacer a los demás, son las que más dificultades encuentran en negar algo al otro. Es común también pensar que al decir no,  las personas se enfadarán, así que suelen decir sí, sin pensar en si podrán o no responder de forma adecuada a la demanda, y sin pensar en cómo eso le afectara a esa persona y a la relación con la persona que realiza la demanda. Decimos que sí, aceptamos situaciones que no deseamos para sentiros amados y que la persona no se aleje, no nos considere unos maleducado/as o desconsiderado/as.

Nos han enseñado a ser complacientes con los demás, de anteponer las necesidades de los demás a la voluntad propia y esto genera malestar en más de una ocasión.

¿Cómo podemos aprender a decir NO?

En primer lugar es necesario que te conozcas, que conozcas cuáles son tus valores, tus deseos, tus prioridades  y tus límites. Sólo teniendo esto claro podemos saber qué es lo que no queremos hacer o por lo que no estamos dispuestos a pasar.

En segundo lugar no debes responder inmediatamente a la demanda. Piensa con detenimiento cómo es la demanda, si está dentro de tus límites y en caso de que la respuesta sea no, tómate un tiempo para pensar cómo vas a dar esa respuesta.

Una opción para no sentirte mal dando una negativa es dar alternativas. «No, mañana no podemos vernos, pero pasado puedo recibirte en casa», «No, yo no me puedo hacer cargo de esta situación pero conozco una persona idónea para ello», «No, no me apetece ir a esta fiesta por la noche, pero el  sábado podemos quedar e ir al cine»…

Es importante mantenerte firme en la decisión y la respuesta dada. Si la otra persona te ve dudar, puedes ser manipulado con facilidad. Ser firme en hacer aquello que deseas te ayudará a evitar esas situaciones de tanta incomodidad.

Aprender a decir que no es algo que se debe practicar. Como decía al inicio del articulo las habilidades sociales se aprenden y se aprenden a base de llevarlas a cabo. Por ello no evites una situación problemática en la que debas negar un favor, no evites a la persona que te ha pedido algo, afronta cada una de las situaciones en que tengas oportunidad de decir que no. Cuantas más veces puedas llevarlo a la práctica, menos culpable te sentirás. Estarás realizando aquellas actividades que disfrutas y con las que te sientes cómodo/a. Y verás que no pierdes tu vida, ni las relaciones interpersonales que son de calidad. Asegúrate de dar el valor que se merece este aprendizaje. Valora el esfuerzo que haces por ti mismo/a, sin sentirte culpable ya que estás velando y trabajando  por tu bienestar.

Por último, es importante decir no de una forma asertiva. Se puede decir no a secas, pero suena de forma  agresiva. No se trata de dar explicaciones o excusas, al contrario. Sin embargo, si queremos rechazar una invitación, la forma adecuada de hacerlo es primero agradecer que hayan pensado en ti para esa invitación. Dar las gracias suavizará el rechazo que debes decir a continuación. «Gracias por pensar en mí e invitarme a tu fiesta, sin embargo no puedo asistir. Estaré encantada de celebrar contigo el domingo comiendo juntas» es un buen ejemplo de cómo rechazar una fiesta de cumpleaños.  Otra forma de decir que no es posponer la respuesta. Decir que te lo vas a pensar, en primer lugar te da tiempo para decidir qué quieres decir y cómo hacerlo. Además la otra persona valorará que lo hayas meditado y tomado en consideración.  Aquellas personas con sobrecarga de trabajo que necesitan decir que no a encargos o tareas extras es necesario que sepan decir que no de una forma adecuada, «ahora tengo mucho trabajo, prueba a llamarme más delante», «yo no puedo ayudarte, pero conozco una persona ideal para esta tarea», en caso de que sea tu jefe quien te pide trabajo extra y ves que si le complaces no sales a tiempo, puedes optar por una técnica del tipo: «Estoy encantada/o que cuentes conmigo para esta tarea y te ayudaré inmediatamente, dime que otras tareas debo posponer para entregarte ésta a tiempo»

 

Como ves, siempre hay alternativas para ser una persona asertiva, educada, sin rechazar a sentirte a gusto contigo mismo/a. Como dice el refranero «el que mucho abarca, poco aprieta» y  la clave del éxito es aprender a decir que no a aquellas cosas, tareas, situaciones y/o responsabilidades que te impiden avanzar en tus propias metas, en tu propio camino.

 

Referencias

Encabo, E. Habilidades sociales, comunicación y diferencias de género: educar para la igualdad de oportunidades. En https://previa.uclm.es/ab/educacion/ensayos/pdf/revista18/18_4.pdf

Hare, B. 2003. Sea asertivo. La manera de comunicarse con eficacia. Gestion 2000

León, J. Mª y Medina, S. (1998). Aproximación conceptual a las habilidades sociales. En F. Gil y J.Mª León (Eds). Habilidades sociales. Teoría, investigación e intervención. Madrid. Sintesis. 13-23

Smith Manuel J. 2003. Cuando digo no, me siento culpable. Debolsillo.

 

 

 

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *